La ves pasada mientras reposaba a mis anchas mirando un programa de televisión y devoraba un tazón de palomitas, de la nada, a una hora donde nunca suelo recibir llamadas, sonó el teléfono. Al contestar repiqueteó una horrible canción que repetía:
“¡GANASTE, GANASTE, GANASTE!”
Después de quedarme anonadada por unos segundos pensando que había sido la afortunada ganadora a un viaje al caribe, un carro lujoso o al menos un departamentito por ahí, la voz chillona de una operadora preguntó mi nombre. Se lo di y me dijo secamente.- Acabas de ganar una beca para aprender idiomas.
¿Aprender idiomas? Nunca se me habría ocurrido, que idioma podría querer aprender yo. Luego preguntó si estaba interesada en ello y sin meditarlo demasiado accedí, más que nada por curiosidad. Entonces salió con un listado de idiomas a escoger. Cabe decir que yo que nunca he dicho una palabra en otro idioma más que hello, father, mother y thank you, por ello decidí casi de inmediato.
- Inglés señorita. Dicen que es el idioma del futuro.
- Así es.- la parquedad continuaba. Prosigamos, anote la siguiente dirección.
Fui corriendo por lápiz y papel. La verdad es que nunca he ganado nada y como dicen a caballo regalado no se le mira el diente.
Apunte apurada pues parecía un trabalenguas. No sabía ni por donde quedaba el sitio y sólo me daban referencias desconocidas.
- El martes a las diez de la mañana tendrá que estar aquí para validar su beca.
- Así será.
El día mencionado, tomé un bus preguntando al chofer si pasaba cerca de aquél lugar y me dijo sube, no te preocupes. Pasó una hora y cuarenta y cinco minutos y ya empezaba a preocuparme. Sobretodo porque si lo hubiera sabido no hubiera tomado la maldita beca.
-Ya puede bajar en la siguiente esquina, camine dos cuadras y hacia la derecha esta la avenida que busca.
Así lo hice. El lugar era humilde, había gente drogándose en las esquinas, las mujeres caminaban abrazadas de sus carteras. Las piernas empezaron a temblarme. Busque el número del centro para aprender idiomas. Estaba parada frente a él, una enorme casa decrepita en demolición. Quise llorar de la impotencia, había sido víctima de una estúpida broma. Los obreros reían y movían la cabeza en signo de negación.
-Cayó una más, pobre.
Corriendo me trepé a un bus que me lleve de regreso, me sentí frustrada, engañada, sin ganas de nunca más intentar siquiera aprender algún tipo de idioma en la vida.

