Si alguien escucha un ‘miau’ en la calle, de inmediato se lo asociará con un gato, si en cambio una persona hace el sonido ‘guau’ entonces se sabrá que se trata de un perro y cuando alguien explica con un ‘crac’ lo que sucedió con la lámpara de su casa, sin duda se sabrá que ocurrió un pequeño accidente.
La Onomatopeya implica el uso de una o varias palabras que designan el sonido que pretenden describir, en pocas palabras se trata de palabras que tratan de ‘imitar’ los sonidos producidos en el papel.
Originalmente, esta palabra proviene de las palabras griegas onoma (nombre) y poieo (hacer). En español este tipo de palabras se designan tanto para describir ruidos o el sonido que producen los animales.
En el Diccionario de la Real Academia se puede ver un número de onomatopeyas admitidas. Por ejemplo el cloquear de una gallina es ‘clocló’ mientras el balar de una oveja será ‘bee’.
Las onomatopeyas entonces pueden tratar de considerarse como un intento de representaciones fonéticas de los sonidos. Sin embargo no se puede decir que las onomatopeyas sean universales, aún cuando un Francés, un Español y un Japonés identifiquen un ladrido como el sonido que hace un perro, la forma en que pueden ‘describir’ este sonido varía respecto a la conformación de su lengua. Por poner otro ejemplo, la forma en que un inglés, un español y un japonés escriben el sonido de un cerdo varía de distintas formas, para el primero será ‘huik-huik’, mientras el segundo será ‘oink-oink’ y para el tercero lo correcto sería ‘boo boo’.
Como hablantes españoles podemos identificar una gran cantidad de estas palabras con facilidad e incluso hemos tomado aportes del inglés que utilizamos con mayor frecuencia. Una tira humorista de Quino ejemplifica perfectamente la forma en que nos vamos adaptando a las onomatopeyas inglesas con la misma naturalidad que el resto de su lenguaje. Cuando Mafalda le dice a Felipe que ya está cansada de sus ‘muertes extranjerizantes’ porque Felipe le exige que debe hacer los ruidos de las historietas y no otros.
Japón es un caso aparte en el mundo de las onomatopeyas. En comparación con esta cultura nuestra producción de este tipo de palabras es reducida y no tan detallada. Hay varios ejemplos que pueden señalar esta particularidad. Tal es el caso de los cómics en Japón, la risa de los protagonistas malvados sonaría como una kukukuku. Muchas veces incluso la importancia de la onomatopeya es tal que el lector identifica rápidamente los sonidos con un tipo de personajes o escenas. Los japoneses, por poner otro ejemplo, tiene sonidos diferentes para objetos pequeños y grandes que caen, los primeros. Chira-chira es el sonido que hace una falda movida por el viento, ka es el sonido de una pisada fuerte, mugyu designa el ronroneo apagado de un gato, da! es el efecto que se hace al retirarse abruptamente, bamu el sonido al cerrar violentamente un carro. Así se puede hacer una lista extensa de los tipos de onomatopeyas japonesas, pero lo particular en este caso es denotar que estas no solo designan sonidos sino también resaltan el estado anímico o características físicas de algo, como el sonido de algo lodoso.
Así para aprender un idioma no solo debemos centrarnos en recordar palabras típicas como un ‘hola’ o ‘cuanto cuesta’, sino que debemos prestar atención incluso a ese tipo de palabras que por tener tan internalizadas llegamos a creer que son iguales en todo el mundo.

