¿Sabían ustedes que el idioma ideal para entrenar a un perro es el alemán? En efecto, por poseer palabras cortas y de enérgica pronunciación resulta de mejor asimilación por parte del can a ser entrenado. ¿Se imaginan darle órdenes a un Mastín en francés? ¿O reprender aun Dogo en italiano? Resultaría gracioso hasta para el can de seguro.
Una amiga mía es criadora de canes y cuenta con dos entrenadores profesionales. Me cuenta que efectivamente el idioma alemán es el ideal para amaestrar de la mejor forma un can. Sin embargo ella hace eso sólo con sus perros de defensa. Entre los perros de defensa tiene un Dogo Alemán de tres años de edad, de gran altura, esbelto y muy bien presentado, hijo de padres campeones lo adquirió según ella a petición. Me contó que la familia que criaba a los padres de éste no iban a poder con un tercer gigante devorando kilos y kilos de comida así que decidieron venderlo por un precio más que razonable. Además cuenta con un Mastín Napolitano, no tan alto ni esbelto como el Dogo pero si de un aspecto imponente y hasta tétrico, con su mirada triste y el bocio colgante llega a pesar 90 kilos, envergadura suficientemente disuasiva como para averiguar si está entrenado o no. Y completando la terna no le podía faltar un velocista, un Doberman de hermoso pelaje negro con matices color caramelo bajo el lomo y mirada fija como un águila. A estos tres canes los tiene bien amaestrados en defensa y ataque. A una orden suya, y el supuesto agresor desearía no haber nacido.
Me contó una anécdota que resultó muy jocosa y a la vez bastante siniestra de su parte. Sucedió que un antiguo novio suyo la empezó a acosar, la llamaba constantemente, ella por supuesto ya hacía tiempo había dado la vuelta a la página en esa historia, pero el ex novio no daba su brazo a torcer, es así que empezó a apersonarse en el domicilio de mi amiga. Un buen día, cansada de esta situación abrió la puerta de su casa y literalmente le echó los perros encima. No crean que era una desalmada y calculadora mujer, lo que hizo fue ordenar a sus protectores simplemente que redujeran al obstinando novio. No me hubiese gustado estar en los pantalones del tipo. Me cuenta Elizabeth que ella abrió la puerta y le dijo que primero le quería presentar a unos amigos que querían conocerlo, sin darle tiempo a reacción se hizo a un lado y lanzo la primera orden al Mastín Napolitano llamado Ronno, ¡Dios santo!, sólo lo mandó ladrar fuerte y roncar como creando una atmósfera de muerte, acto seguido la siguiente orden fue para el Dogo Alemán llamado Ursus, le indico que se parara de tal forma que sus patas delanteras reposaran sobre el pecho del ahora pálido visitante que cayó como un costal sobre sus espaldas, la tercera orden fue para el Doberman llamado Bronco, sólo se le indicó que mostrara los colmillos y rugiera a un tiempo. Con el hombre en el suelo y totalmente descompuesto, mi amiga procedió a indicarle que ya no la buscara más o de lo contrario las órdenes iban a ser más drásticas. El hombre se incorporó como pudo, recogió su honor y gateando huyó despavorido entre sollozos. No se volvió a saber más de él.

